El menor decidió sobre su futuro

por Ruth Lopez Morueco | 17 07 2026

Los progenitores mantenían posiciones muy distintas sobre el futuro de su hijo. No conseguían ponerse de acuerdo sobre su lugar de residencia ni sobre cómo debía organizarse la custodia del menor.

Ambos tenían sus razones y las defendían dentro del procedimiento. Sin embargo, mientras los adultos explicaban qué consideraban mejor, la voz del menor apenas aparecía. La decisión iba a cambiar su vida cotidiana, pero el Juzgado todavía no había podido conocer cómo estaba viviendo él aquella situación.

Conseguimos que el menor fuera escuchado

Cuando asumí el caso y revisé toda la documentación, advertí que faltaba una parte esencial de la historia.

El procedimiento se estaba construyendo principalmente alrededor del conflicto entre los progenitores. Para entender lo que realmente estaba ocurriendo, también era necesario conocer el entorno del menor, sus necesidades y cómo percibía los cambios que se estaban planteando.

No pretendía que eligiera entre su padre y su madre ni que asumiera una responsabilidad que no le correspondía. Quería evitar que una decisión tan importante se tomara sin darle la oportunidad de expresarse.

Cómo intervino Ruth

Solicité que el menor fuera escuchado personalmente antes de que se dictara una resolución. Defendí que tenía la edad y madurez suficientes para explicar cómo estaba viviendo la situación y de qué manera podían afectarle las diferentes alternativas.

También aporté documentación que permitía comprender su realidad más allá de las versiones enfrentadas de sus padres. De este modo, el Juzgado podía valorar el caso con una visión más completa de lo que sucedía fuera del procedimiento.

El Juzgado aceptó escucharle

Mi petición fue admitida y el menor pudo expresar su opinión antes de que se adoptara una decisión sobre su residencia y su organización familiar.

Sus palabras no determinaban por sí solas el resultado, pero aportaban una información que hasta entonces apenas había estado presente. El Juzgado pudo conocer de primera mano cómo estaba viviendo el conflicto y valorar sus necesidades junto con el resto de las pruebas.

Escuchar no significa hacer que un hijo decida

Un menor no debe cargar con la elección entre sus progenitores. Escucharle significa reconocer que será él quien conviva cada día con las consecuencias de la decisión.

Mi trabajo consistió en conseguir que su voz formara parte del procedimiento sin situarlo en medio del conflicto. Porque proteger a un menor también implica prestar atención a lo que vive, a lo que necesita y a lo que tiene que decir.

Ruth López Morueco

Ruth López Morueco

Especialista en derecho de familia

Abogada especializada en Derecho de Familia y Sucesiones. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y colegiada en el Ilustre Colegio de Abogados de Orihuela (nº 1595). Ejerce en Torrevieja, Orihuela Costa y Vega Baja.

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